Mi experiencia con el maratón

Mi experiencia con el maratón de Sevilla 2018

Por Enrique Soto Molina. Periodista y Entrenador de Fútbol Sala

“¿Una maratón?, estas muy loco, no vas a poder”.

Esa es la frase, simplificada, que más escuchaba cuando hace seis meses decidí, por una promesa, que iba a correr una maratón. La distancia estrella, en un tiempo casi imposible de preparación. Quizás esa fuera la primera de las sesiones (no físicas) que repetía a menudo. Cada vez que contaba que me estaba preparando para correr la famosa distancia de 42 kilómetros. Y eran sesiones muy enriquecedoras; el pensar en demostrar a tanta gente que todo en la vida es cuestión de compromiso, ilusión, ganas y constancia, mucha constancia en lograr lo que quieras proponerte, era la que más me ayudaba a tirar para delante en los días en los que te decías a ti mismo, no puedo seguir, que han sido muchos.

No los culpo. Aquellos que veían a un chaval de 121 kilos al que le costaba atarse los cordones, que no era capaz de aguantar una carrera continua por debajo de 7´el kilometro, era muy complicado, o casi imposible que en ese corto periodo de tiempo, fuera capaz de enfrentarse a una prueba de esas características.

Tengo que decir en mi favor que he estado muy bien rodeado. Para preparar algo así aparte de un buen material requiere muchas más cosas; el apoyo de tu familia (son muchas horas de entreno al día, sobretodo en la parte más especifica) y en mi caso la incondicional fe de mi grupo de entrenamiento, los cuales me recordaban a diario que si era constante (famosa palabra que da sentido a todo) lo iba a conseguir. Cuantas veces no he preguntado a mi entrenador si sería capaz, siempre he encontrado la misma respuesta; “depende de ti”.

Me ayudó mucho hacer la inscripción, pagarla, imprimirme el dichoso papelito que me decía “enhorabuena esta usted inscrito a…” es lo que marcaba el final del camino, lo que ponía la fecha.

No voy a negar que hubo momentos malos, pero la satisfacción de ver la mejora diaria cambiaba todo.

Al principio, era solo perder peso, alternar los entrenamientos de rodaje con una dieta que te ayudara a recuperar la energía usada y ser capaz de tener un, como yo le llamé que no se si esta bien dicho, “hábito de carrera”. Saber correr, regularte tus tiempos, saber que hay que empezar tranquilo para poder llegar al final. Parece sencillo, todo el mundo piensa que “sabe correr” y muy poca gente diría yo que entiende lo que significa “saber correr y saber hacerlo bien”. A día de hoy, me sigue costando en muchos momentos y para correr una distancia como la maratón, requiere mucho de esto.

Con el paso del tiempo, cuando te das cuenta que eres capaz de aguantar más e ir mejorando poco a poco tus tiempos, ayuda mucho.  Creo que la cabeza en este deporte y mucho más en esta distancia juega un papel fundamental. Tener que convencerte, incluso dentro del propio entrenamiento que lo puedes hacer y que lo vas hacer, es otro trabajo paralelo que debía ir mejorando. Al final el día de la carrera eres tu, y como dicen por ahí, tus piernas hasta la mitad de la prueba y tu corazón y cabeza hasta cruzar la meta. Y que verdad es.

Con el paso de los días fuimos manteniendo una constante en el trabajo, alternancia de entrenamientos de calidad que hacia con mi grupo y rodajes en solitario que me preparaban cuerpo y mente. Esos últimos han sido muy duros, pero creo que me han ayudado tanto o mas que las series para prepararme para el día.

Las siete últimas semanas han sido increíbles. Una reunión con tu entrenador para elegir cuantas sesiones vas hacer a la semana, y una aplicación atractiva que te permite seguir tu evolución hacían todo más llevadero. En mi caso era todo nuevo, cada tirada larga se convertía en la mayor distancia que había corrido jamás y todo era una superación constante.

Todo fue más o menos en orden hasta las últimas dos tiradas largas, esas de superar los 30 kilómetros. En la primera de ellas, la sensación fue horrible, y pase una semana muy complicada pensando que no seria capaz de acabarla, que me había costado mucho acabar ese día y aun quedaban muchos kilómetros.

La semana siguiente, ese domingo, el último de todos, todo cambió. Acabe los 32 con una sensación de ganas de seguir que me convencieron que en unos días estaría en Sevilla y que iba a poder. La dichosa cabeza.

Otra de las cosas que aprendí es que el descanso es tan importante o más que el entrenamiento. He tenido suerte con las lesiones durante la preparación. Tan solo sobrecargas y alguna molestia que el fisio y el descanso ayudaron a mejorar. Quizás sea por eso, porque hemos decidido parar cuando algo no iba bien, por precaución y siempre lo justo, lo que ha ayudado a que todo vaya genial en ese sentido.

Si con algo me quedo es con la última semana. Bajas la carga y solo mantienes el rodaje y alguna serie para mantener la chispa necesaria para el día. Lo demás preparar la ropa (elegirla antes para probarla en las dos últimas tiradas largas, también es otro secreto que me revelaron los compañeros de grupo), mirar en que kilometro estará la familia, como llegar a la salida desde donde vas a dormir y la carga de adrenalina que te da todo el mundo deseándote suerte. La mente, otra vez la mente…

Y allí estaba, a las 7:45 de un 25 de Febrero en la línea de salida de la Maratón de Sevilla. Algo inimaginable hacia meses, y lo que es mejor, con la convicción de que lo iba a lograr.

Todo fue bien, dentro de lo que se puede decir bien, hasta el kilometro 38, la salida de Plaza de España y el recorrido por el casco antiguo, un fuerte dolor de tripa me hizo bajar mucho el ritmo que tan constante llevaba desde el primer paso.

Pero ya no miraba el reloj. Viendo la cantidad de gente que se echaba a un lado en esos momentos me demostraba que ya era solo tu y acabar.

Lo demás no lo puedo ni expresar. Que en el kilometro 30, el dichoso muro, mi familia me viera o más bien yo a ellos, ayudo. Que mi entrenador se pegara a mi durante unos metros en el kilometro 40 diciéndote que ya estaba hecho, fue el empujón definitivo. La entrada al estadio, ese túnel… aun se me siguen poniendo los pelos de punta cada vez que lo pienso. Y ellos otra vez, mi mujer y mis hijos en la meta, la sensación mas alucinante y emocionante que he vivido nunca desde mi boda y el nacimiento de mis dos hijos. Suena un poco fuerte equipararlo algo así, pero es lo que me sale.

Es una locura y me siento un privilegiado, la sensación de cruzar esa meta no es equiparable a nada de lo que me había pasado hasta ahora.

La imposición de la medalla, que guardo como oro en paño, y el abrazo eterno con mi mujer al acabar, el beso de mis niños, y otro abrazo más con mi entrenador y su esposa han sido la demostración principal que correr una maratón depende de ti; CONSTANCIA y de tu MENTE. Que lo que había hecho era una bestialidad pero que la ayuda de los tuyos es vital para que todo llegue a buen puerto.

Ahora mi peso, 90 kilos (31 menos que cuando empecé) y mis ganas de seguir mejorando, de correr más distancia y hacerlo más rápido, son infinitas. He descubierto un nuevo habito, que me ayuda a ser mejor conmigo mismo y los demás. Una experiencia inolvidable que quiero repetir, mejor preparado y con mucha más experiencia.

Yo ya lo tengo muy claro: “Lo imposible, con esfuerzo; solo tarda un poco más en llegar”.