Los retos psicológicos del maratón

Los retos psicológicos del maratón

Correr a lo largo de 42 kilómetros seguidos supone un esfuerzo físico muy importante que se acompaña de un esfuerzo psicológico no menos importante.

En todo ese tiempo, realizando una actividad monótona como es la carrera a pie, y además a un ritmo uniforme, pasan por la mente multitud de ideas y pensamientos que, en muchas ocasiones, actúan en contra de las posibilidades de éxito en la carrera y que constituyen verdaderas incertidumbres.

Las incertidumbres que genera la competición de maratón y que suponen una presión psicológica que va desde más o menos tolerable hasta intolerable, se presentan, tanto antes de la competición, cuando se inicia la puesta a punto para el maratón que se ha decidido correr, como durante la competición, desde el momento de la salida.

Antes de la competición surgen incertidumbres que tienen que ver con:

  • el objetivo planteado, con preguntas como “¿voy a ser capaz de acabar?”, “¿podré correr en ese tiempo?”, “¿conseguiré la mínima para…?”, “¿podré acabar entre los/las … primeros/primeras?”
  • el entrenamiento que se va a hacer en la puesta a punto, con preguntas como “¿haciendo este kilometraje en los entrenamientos voy a ser capaz de correr 42 km seguidos?”, “¿haciendo estas series a esta velocidad voy a poder mantener después una velocidad un poco más baja durante 42 km?”, “¿de verdad voy a estar preparado o preparada para conseguir el tiempo o el puesto que busco?”
  • la climatología que se espera para la carrera si es de calor y humedad excesivos, con preguntas como “¿podré soportar el calor a esa velocidad de carrera?”, “¿podré beber lo suficiente para no deshidratarme?”, “¿en qué lamentable estado acabaré con ese calor?”
  • el planteamiento de la carrera, con preguntas como “¿encontraré un buen grupo que vaya a la velocidad que me interesa?”, “¿seré capaz de aguantar con el amigo que me va a tirar durante los primeros … kilómetros?”, “¿voy a poder aguantar bien con el globo de las … horas?”

Durante la competición surgen incertidumbres que tienen que ver con:

  • las sensaciones que va generando el organismo, con pensamientos como “parece que voy demasiado deprisa (o demasiado despacio)”, “parece que voy un poco forzado/a”, “parece que me roza el calcetín o la zapatilla”, “parece que me escuecen los muslos a pesar de haberme puesto vaselina”, “parece que se me carga el gemelo izquierdo”, “parece que me molesta una rodilla”, “parece que quiere darme flato”
  • la velocidad y planteamiento de la carrera, con pensamientos como “no sé si aguantaré en este grupo”, “me parece que mi amigo me lleva un poco forzado/a”; “me he quedado solo/a y no sé si voy a poder mantener este ritmo”
  • la fatiga que va apareciendo a medida que se van recorriendo kilómetros, en forma de pensamientos que se producen como reflexiones acerca de por qué uno/a está haciendo eso, para qué lo hace, qué va a sacar con llegar a la meta o si merece o no la pena someterse a ese grado de sufrimiento

COMO SUPERAR ESOS RETOS

Por todas las anteriores incertidumbres, la preparación de un maratón es más difícil y meticulosa que la de cualquier otra competición, porque además de preparar físicamente al organismo para ese esfuerzo tan enorme, también hay que prepararle psíquicamente para hacer frente con éxito a todas esas incertidumbres.

Con las distancias largas, lentas y crecientes que se suelen correr los domingos, el corredor va experimentando todas esas incertidumbres ligadas a esas sensaciones que el organismo genera, para ir conociéndolas y saber qué es lo que tiene que hacer para superarlas. En esas carreras largas y lentas también se pueden experimentar las incertidumbres ligadas a la climatología, sobre todo si el lugar donde se va a correr el maratón tiene las mismas condiciones climatológicas que el lugar donde se hacen los entrenamientos, al mismo tiempo que se pueden ir buscando estrategias de bebida, de ingesta de sustancias energéticas y de vestimenta con las que luego hacer frente a las incertidumbres de la competición.

Con los entrenamientos de calidad, haciendo series de diferentes distancias, a la velocidad a la que se pretende correr el maratón y con pausas de recuperación muy cortas, se consigue, por una parte, aprenderse el ritmo al que luego se va a competir y, por otra, tener la posibilidad de correr en los entrenamientos cerca de un cuarto de la distancia al ritmo de competición. De esta forma, el corredor también se prepara para hacer frente a las incertidumbres ligadas a la distancia y el grado de entrenamiento, así como las ligadas al planteamiento de la carrera.

Hacia el tercer o cuarto domingo se puede realizar una competición de medio maratón, a modo de test, que puede servir para ensayar el ritmo que luego se pretende llevar en el maratón y ayudar a prepararse para las anteriores incertidumbres.

Por último, las incertidumbres ligadas a la fatiga podrán superarse con una buena combinación de las sesiones de calidad y de cantidad en los entrenamientos, así como con el hecho de haber decidido participar en ese maratón después de haber sopesado los “pros” y los “contras”, después de haber definido muy bien el objetivo que se busca y después de haber buscado el apoyo de amigos y familiares.