Lesiones en el corredor

El tratamiento de las lesiones del corredor

En mi experiencia de 50 años de entrenamientos regulares de la carrera a pie he sufrido diversas lesiones de mayor o menor consideración. De todas ellas, la que más me duró fue una lesión de la rodilla derecha, que me mantuvo inactivo durante 8 meses. Me ocurrió haciendo gimnasia (multisaltos) y todavía hoy no tengo claro el diagnóstico. Lo único que puedo decir es que sentía dolor junto al borde interno de la rótula que me impedía correr y me dificultaba el caminar, pero no me impedía hacer extensiones de la rodilla con 20 kg de peso. Lo interpreté como una posible rotura parcial del retináculo medial, sin afectación de las estructuras internas de la rodilla.

El tratamiento consistió en reposo y no tomé ningún analgésico ni antiinflamatorio, porque el dolor me servía de guía en la recuperación. Yo notaba cada día, de forma casi imperceptible, que el dolor se iba reduciendo muy despacio y que iba mejorando en la dificultad para caminar. Al cabo de 8 meses, ya notaba la rodilla bien y comencé un programa de andar y correr, de forma progresiva, hasta acabar corriendo unos 40 minutos seguidos. Después recuperé ya mi actividad habitual de carrera.

Con este y otros muchos ejemplos, he aprendido que las lesiones de la carrera a pie las curas o repara el propio organismo. Los supuestos tratamientos farmacológicos, fisioterápicos o de otra índole, sólo ayudan al organismo a reparar la lesión cuando van dirigidos a eliminar la causa que la ha producido o la está produciendo. Y lo que no deben hacer esos tratamientos es dirigirse a aliviar el dolor, porque, desde luego, no es la causa sino la consecuencia de la lesión y el mecanismo que tiene el organismo para proteger la zona lesionada, obligando con el dolor a que la zona permanezca en reposo y así desaparezca la lesión.

Lo importante es encontrar la causa de la lesión y dirigir el tratamiento a la eliminación de esa causa.En mi caso la causa estaba clara (era un salto en mala posición) y ya había cesado su acción. Por lo tanto, sólo tenía que esperar a que mi organismo reparara el daño, tardara el tiempo que tardara. Era lo único que había que hacer y eso es lo único que hay que hacer en la mayoría de las lesiones en las que la causa ya ha cesado.

Desde un punto de vista de la anatomía patológica, las lesiones pueden corresponder a roturas parciales o totales (huesos, fibras musculares, ligamentos, tendones, meniscos), distensiones o elongaciones (ligamentos, tendones, cápsulas), inflamaciones (periostio, tendones, cápsulas) o contracturas musculares. Y desde este punto de vista de la anatomía patológica es desde el que habría que enfocar el tratamiento.

En las roturas totales, está fuera de toda duda cuál es el tratamiento para la fractura de un hueso: el reposo de la zona. Ese reposo se consigue aplicando una inmovilización con férula de yeso, que abarque las articulaciones de las que el hueso forma parte, durante el tiempo en el que el organismo repara la rotura. Y en muchas ocasiones es necesaria la cirugía.
En las roturas totales de las partes blandas (fibras musculares, ligamentos, tendones, meniscos) va a ser necesaria primero la cirugía para aproximar los extremos y que puedan cicatrizar y después una inmovilización durante el periodo de tiempo estimado para que el organismo repare la rotura.

En las roturas parciales, ya sean del hueso (fisuras) o de partes blandas, el tratamiento es el reposo de la zona, con o sin inmovilización, durante el tiempo estimado para que el organismo repare la rotura. Y lo mismo puede decirse de las distensiones o elongaciones. En todas estas lesiones no se necesita nada más, ya que no existe ninguna medicina o intervención de otro tipo que acelere la reparación.

En las inflamaciones pueden ser de utilidad los antiinflamatorios, la aplicación de hielo y la utilización de aparatos de ultrasonido u onda corta para acelerar, en algunos casos, la reparación de la lesión por parte del organismo. Pero también es necesaria la interrupción de la actividad que se venía realizando.

Y en las contracturas pueden ser de utilidad los relajantes musculares, la aplicación de calor y la utilización de aparatos de ultrasonido u onda corta para acelerar también, en algunos casos, la reparación de la lesión por parte del organismo. También pueden ayudar los estiramientos, además del reposo y la interrupción de la actividad que se venía realizando.