La economía de la carrera en la maratón

Economía de la carrera en la maratón, Parte 1 de 2

Diferencias en el consumo de oxígeno, umbral anaeróbico y eficiencia energética (o economía de la carrera) del corredor de maratón

Entre los corredores de maratón se pueden distinguir dos tipos de corredores bien diferenciados: 1) corredores con una buena velocidad de base (capaces de hacer buenos tiempos en distancias de 10 km o menos) y también en maratón, que podríamos llamar “maratonianos rápidos”; y 2) corredores capaces de hacer la misma o mejor marca que los anteriores, pero con una menor velocidad de base (incapaces de hacer tan buenos tiempos en distancias de 10 km o menos como los anteriores), que podríamos denominar “maratonianos lentos”.

La diferencia entre “maratonianos rápidos” y “maratonianos lentos” hay que buscarla en la combinación de tres factores relevantes en el metabolismo energético: el consumo máximo de oxígeno (o VO2max), el umbral anaeróbico y la eficiencia energética (o economía de carrera).

Para comprender estos tres factores y las interrelaciones entre ellos, imaginemos que hacemos una carrera en progresión corriendo cada vez más deprisa. Comenzamos lentamente (por ejemplo, a 5’40” el km) y, después, cada 2 minutos, vamos incrementando ligeramente la velocidad de carrera (entre 10 y 20 segundos por kilómetro), hasta que estemos corriendo a nuestro tope máximo. Durante esa carrera el organismo estará generando la energía necesaria para contraer sus músculos, metabolizando los carbohidratos y los ácidos grasos. Los ácidos grasos requieren oxígeno para ser metabolizados; mientras que los carbohidratos pueden ser metabolizados bien con oxígeno (aeróbicamente), o bien sin oxígeno (anaeróbicamente), aunque la forma aneróbica sea menos eficiente y produzca un producto problemático como es el lactato. Si éste se eleva en la sangre hasta un nivel demasiado alto, puede producir fatiga.

La economía de la carrera en la maratón

La economía de la carrera en la maratón

En las velocidades de carrera más lentas, la mayor parte de la energía se deriva del metabolismo aeróbico de los ácidos grasos y, en menor cantidad, de los carbohidratos. El sistema cardiovascular estará transportando una gran cantidad de oxígeno a los músculos, y solamente una pequeña cantidad de energía será producida aneróbicamente, generándose una cantidad mínima y manejable de lactato. Cuando corremos un poco más rápido, la porción del requerimiento energético que se está derivando del metabolismo anaeróbico aumenta y se produce una mayor cantidad de lactato, pero todavía es lo suficientemente pequeña para que los músculos puedan quemarlo.

Esta tendencia creciente del metabolismo aeróbico y anaeróbico con el aumento de la velocidad de carrera continúa hasta que el sistema cardiovascular no puede aportar ya mayor cantidad de oxígeno a las células musculares. A esa velocidad estamos consumiendo tanto oxígeno como somos capaces y hemos alcanzado el límite superior de nuestra capacidad metabólica aeróbica. Esta capacidad es la que se denomina consumo máximo de oxígeno o VO2max.

En ese momento estaremos corriendo a una velocidad que normalmente sólo podremos mantener durante 10 o 12 minutos (más o menos 3’17” el km para un maratoniano de 3 horas). Podemos correr más rápido, naturalmente, pero cuando lo hacemos la energía adicional necesaria debe ser aportada por el metabolismo anaeróbico, lo que supone que la producción de lactato aumente rápidamente. Esto explica por qué es tan inconfortable correr distancias inferiores a los 3 km en competición.