Rendimiento en Maratón de Elite

Competir, en qué distancia y cuándo

La primera respuesta a esos interrogantes que a cualquiera se le ocurre es la de “competir en la distancia que a uno más le gusta o mejor le viene” y “siempre que se pueda”. De hecho, la mayoría de los corredores suelen competir en una única distancia, o a lo sumo en dos, y con la frecuencia que les permite el tiempo que tardan en recuperarse de la competición realizada.

Para cualquier corredor que pretenda progresar en la distancia que más le gusta o mejor le viene, lo anterior es un error. La razón es bien sencilla: para poder progresar en una determinada distancia hay que progresar antes en las distancias más cortas. Por ejemplo, un corredor que tenga una marca de 15’00”00 en 5.000 m, nunca podrá superar esa marca si antes no ha corrido por debajo de 9’00”00 en 3.000 m. Y tampoco podrá correr en ese tiempo los 3.000 m si antes no ha corrido por debajo de 4’30”00 los 1.500 m o de 3’00”00 los 1.000 m.

Habrá quien diga: “para eso ya están los entrenamientos, para progresar sin competir en las distancias inferiores”. La respuesta sigue estando equivocada, porque una cosa es correr más deprisa en distancias desde 100 a 2.000 m en entrenamientos, y otra experimentar la sensación de agobio y el estrés mental que supone desarrollar en competición velocidades de carrera más elevadas que aquélla en la que se corre la distancia elegida como favorita. Esto significa que, en el ejemplo anterior, el corredor de 5.000 m, con los entrenamientos, posiblemente esté ya en condiciones de hacer menos de 15’00”00. Pero si los rivales le hacen correr el primer kilómetro (o los dos o tres primeros kilómetros) en un tiempo que nunca ha experimentado en competición y cuyas sensaciones no conoce, psicológicamente no va a estar preparado para aguantar esa velocidad hasta completar los cinco kilómetros y va a reducir su ritmo o se va a retirar.

Los entrenamientos le dan a un corredor la capacidad física para poder correr cada vez más deprisa la distancia elegida como favorita. La competición en distancias más cortas le da la capacidad psicológica para soportar las sensaciones de mayor sufrimiento que produce desarrollar velocidades más altas que las experimentadas hasta ese momento en la competición.

Para adquirir esa capacidad psicológica de correr a velocidades más altas en la distancia elegida como favorita, es necesario competir en las distancias inferiores a ella. Así, el corredor de maratón debería competir en distancias desde 5.000 m a medio maratón, el de medio maratón en distancias de 3.000 a 10.000 m, el de 10.000 m en distancias desde 1.500 a 5.000 m, el de 5.000 m en distancias desde 1.000 a 3.000 m y el de 3.000 m en distancias de 800 y 1.500 m.

En cuanto a la frecuencia, es indudable que el corredor se recuperará más deprisa de las competiciones en distancias inferiores que en la distancia elegida como favorita. Esto le permitirá competir con más frecuencia en las distancias más cortas.

La respuesta a las preguntas del enunciado sería pues: hay que dejar la distancia favorita para las ocasiones verdaderamente importantes (campeonatos, consecución de mínimas de participación o superación de récords) y competir con la mayor frecuencia que se pueda en las distancias más cortas hasta conseguir las mejores marcas posibles en ellas.