Aspectos generales en la preparación de un maratón - Parte II

Aspectos generales en la preparación de un Maratón (II)

Las incertidumbres que genera la competición de maratón y que suponen una presión psicológica que va desde más o menos tolerable hasta intolerable, se presentan, tanto antes de la competición, cuando se inicia la puesta a punto para el maratón que se ha decidido correr, como durante la competición, desde el momento en que se inicia.

Antes de la competición surgen incertidumbres que tienen que ver con: el objetivo planteado, con preguntas como “¿voy a ser capaz de acabar?”, “¿podré correr en ese tiempo?”, “¿conseguiré la mínima para…?”, “¿podré acabar entre los/las … primeros/primeras?”; el entrenamiento que se va a hacer en la puesta a punto, con preguntas como “¿haciendo este kilometraje en los entrenamientos voy a ser capaz de correr 42 km seguidos?”, “¿haciendo estas series a esta velocidad voy a poder mantener después una velocidad un poco más baja durante 42 km?”, “¿de verdad voy a estar preparado o preparada para conseguir el tiempo o el puesto que busco?”; la climatología que se espera para la carrera si es de calor y humedad excesivos, con preguntas como “¿podré soportar el calor a esa velocidad de carrera?”, “¿podré beber lo suficiente para no deshidratarme?”, “¿en qué lamentable estado acabaré con ese calor?”; y con el planteamiento de la carrera, con preguntas como “¿encontraré un buen grupo que vaya a la velocidad que me interesa?”, “¿seré capaz de aguantar con el amigo que me va a tirar durante los … kilómetros?”, “¿voy a poder aguantar bien con el globo de las … horas?”.

Durante la competición surgen incertidumbres que tienen que ver con: las sensaciones que va generando el organismo, con pensamientos como “parece que voy demasiado deprisa (o demasiado despacio)”, “parece que voy un poco forzado o forzada”, “parece que me roza el calcetín o la zapatilla”, “parece que me escuecen los muslos a pesar de haberme puesto vaselina”, “parece que se me carga el gemelo izquierdo”, “parece que me molesta una rodilla”, “parece que quiere darme flato”; con la velocidad y planteamiento de carrera, con pensamientos como “no sé si aguantaré en este grupo”, “me parece que mi amigo me lleva un poco forzado o forzada”; “me he quedado solo o sola y no sé si voy a poder mantener este ritmo”; y con la fatiga que va apareciendo a medida que transcurren los kilómetros, en forma de pensamientos que se producen como reflexiones acerca de por qué uno o una está haciendo eso, para qué lo hace, qué va a sacar con llegar a la meta o si merece o no la pena someterse a ese grado de sufrimiento.

La preparación para afrontar todas estas incertidumbres viene a través de las modificaciones del entrenamiento que se hacen en la puesta a punto para maratón con relación al de las otras distancias.

Las modificaciones en la alimentación comprenden la alimentación durante los entrenamientos, la alimentación durante semana de la competición y la alimentación durante la competición. El aumento de la cantidad de entrenamiento requiere aumentar también la cantidad y calidad de la alimentación que se ingiere para compensar el incremento en el gasto calórico.

Al mantener ese aumento de la cantidad y calidad de la alimentación durante la última semana en que se reducirán mucho los entrenamientos y, con ello, el gasto calórico, las calorías de la alimentación que sobran las almacenarán los músculos en forma de más glucógeno para luego la competición. Y durante la competición, los almacenes de glucógeno van agotándose y haciendo que aparezca la fatiga a medida que transcurren los kilómetros, por lo que va a ser necesario ingerir algún hidrato de carbono de fácil absorción, en disolución o en forma de gel, que se haya experimentado previamente durante los entrenamientos, en los que también se habrá probado en qué momentos ingerirlo.

Los anteriores apartados se desarrollarán con más profundidad en futuros artículos.